jueves, 5 de septiembre de 2013

La muerte vive entre nosotros, pero que la vida no muera.

Recuerdo no haberle temido a la muerte:

Cuando tenía 9 años, mientras me hacía una nebulización, empecé a no poder respirar. Qué ironía, ¿no? En resumen, me desmayé... y lo que sigue, me lo contó mi vieja...


Ella y su pareja me llevaron en remis al hospital. Yo acostada atrás, en brazos de mamá. Suspiré fuerte, pudo sentir que me perdía, pero no me dejó ir. Golpeó mi pecho mientras me hacía respiración boca a boca. Me trajo de nuevo.

Cuando desperté en esa habitación extraña, en recuperación, no sentía nada. Nada más que paz. No miraba tele, hablaba poco. Todas mis visitas llevaron libros, y yo, para nada amante de la lectura, leía. No paraba de hacerlo.
Hasta que un día volví a ser "normal" .

En séptimo grado nos hicieron hablar de los miedos. Muchos de mis compañeros dijeron que temían a la muerte. Yo no. Nunca la vi como algo de temer. No MI muerte.


Recuerdo haberle tenido miedo a la vida:


Años más tarde, otra enfermedad (no grave, pero molesta) vino para quedarse, después de mucho tiempo.

Esta vez la muerte no apareció de forma sorpresiva, sino que la busqué. En varias oportunidades. Y cada una de ellas, me eché para atrás. Pensé en los sueños por cumplir, en mi familia, mis amigos...todo lo que dejaría. ¿Cómo podía ser tan egoísta? Pero en ese momento no lo vi. Simplemente creí que no era lo suficientemente valiente para terminar.
Era infeliz, miserable...no vivía, sólo estaba viva.
Mamá estuvo a mi lado durante esa gran tristeza también. Podría decir que me salvó de nuevo.
Qué ganas de ser normal...qué lindo sería.

Le temo a la vida y a la muerte en su justa medida. Cada tanto. Pero enfrento ambas todos los días. Como cualquier persona...


Pasaron aún más años y me di cuenta de algo...

Cobardía es huir. Morir, para mi, era una forma de huir. De dejar lo malo atrás, de terminar el sufrimiento, lo complicado. Era cobarde por querer irme, pero valiente por haberme quedado.

Cada vez que fallamos, nos sentimos morir en vida, por eso deseamos morir de verdad. Porque creemos que al menos así no tendremos que seguir sintiéndolo.


Y algo que nos hace morir cada vez, es el desamor o perder un gran amigo. Porque, suena egoísta, pero la muerte real, puede que sea más sencilla de llevar que la muerte sentimental. Cuando se acaba una relación y nadie murió, pensamos "¿cómo sigo sin esa persona?¿cómo sigue sin mi?" Es allí cuando más fuertes son las ganas de dejar el mundo. Y es allí cuando más fuerte hay que luchar para quedarse en él. Porque sólo viviendo podremos volver a sentir lo que creíamos perdido para siempre y que nunca volvería a pasar.

Sólo peleando podemos darnos totalmente por vencidos o ganar. Podemos recuperar o perder, pero habiendo dado batalla.

Morí en cuerpo, morí en alma, quise morir.

Ahora no sólo estoy viva, vivo y quiero hacerlo. Duele mucho, pero cuando veo el mundo que podría conocer, la gente hermosa y lo que podría cambiar al estar acá, no tengo dudas que me quiero quedar hasta que "me dejen".

Jamás conté esto abiertamente porque temía lo que pudieran pensar de mi. Sin embargo, aunque lo usen en mi contra, no importa. Quizá ayude a alguien saber que entendí que vivir, por más difícil que sea, por mucho que duela...vale la pena.


2 comentarios:

  1. Me alegra mucho que hayas aprendido a vivir y que valga la pena Mariana.Besos

    ResponderEliminar
  2. off topic: Un tio solia decir -se esta muriendo gente que antes no se moria...

    ResponderEliminar