¿Cuántas veces podés equivocarte antes de aprender, y cuántas más hasta dejar de hacerlo mal?
¿Cuántos errores podés cometer con la misma persona?
¿Cuántas oportunidades vas a tener y vas a dar?
¿Cuántas veces te van a perdonar, y cuántas vas a perdonarte?
¿Cuántas vidas hacen falta para limpiar todo lo malo?
¿Qué cosas se consideran realmente importantes para cambiar?
¿Cuántos años necesitás para no olvidar, pero sí seguir adelante?
¿Cuánto tiempo vas a cargar con esa culpa?
¿Cuándo vas a hacerte responsable?
¿Por qué levantamos más peso del que podemos?
¿Cuánto falta para dejar de pensar, reaccionar y empezar a actuar?
¿Hasta qué edad podés borrar y reescribir?
¿Qué tan viejo podés ser para comenzar tu historia?
¿Cuándo es el momento indicado para darse cuenta y empezar a vivir?
¿Quién dijo que tenía que ser ayer, que es hoy o será mañana?
¿Cuánto podés perder antes de jugar para ganar?
¿Cuándo te das cuenta que el triunfo no está en el resultado?
¿Cuándo dejás de soñar y salís a buscar?
¿Por qué es tan fácil pedir y tan difícil dar?
¿Por qué hay que encajar?
¿Qué nos hace querer ser como todos?
¿Por qué ser yo no puede funcionar?
¿Qué se rompe si no sigo a la manada?
¿Cuándo se volvió popular ser malo?
¿Por qué seguís esperando que el otro sea como vos?
¿Por qué buscás la perfección en lo ajeno y lo propio, en lugar de aceptar todo como es?
¿Cuándo vas a aprender la diferencia entre "perfecto" y "mejor"?
Lo mejor para vos, puede no ser lo mejor para los demás.
Los cambios no se dan de un día para el otro.
No sos perfecto, no pidas que otros lo sean.
Mirate al espejo y no veas tanto por la ventana.
Buscá la verdad en tus ojos y seguí los sueños de tu corazón.
Hacete cargo de lo que puedas.
Sé responsable, no culpable.
Pensar, hacer y sentir, van de la mano.
Perder es quedarse parado.
Casi nunca es tarde.
No trates de agradar a los demás si ya te agradás.
No cambies lo que te gusta sólo porque al resto no.
Aceptate.
Sé paciente. Con los demás y con vos.
No permitas que otros abusen de tu bondad, ni dejes de ser bueno para que no pase.
Mejorá lo que creas que no funciona.
No olvides, pero no vivas en el pasado.
Viví lo que es, no aquello que no fue, ni sabés si será.
Pero lo más importante es que hagas todo en tus tiempos. Y que sepas que todo lo que no fue lindo, también fue bueno, porque sirvió.
Pasó porque tenía que pasar.
Será cuando deba ser.
domingo, 28 de diciembre de 2014
martes, 9 de septiembre de 2014
Ver la vida como el rugby.
Como muchos saben, Los Pumas fueron invitados al Rugby Championship después de quedar terceros en el mundial (2007). Fue una oportunidad única que podían dejar pasar e intentar mucho más tarde, con un equipo más fuerte y afianzado; o podían aprovecharla para crecer, para jugar todos los años con los 3 mejores equipos del mundo, para meterse en un nivel más alto al que estaban acostumbrados.
La UAR no tiene las mismas posibilidades. Acá el rugby no es un trabajo. Además es amateur. Ni hablar de los jugadores que se fueron por su edad, y que el equipo tuvo que armarse otra vez.
En toda actividad se busca ser mejor, porque el mundo te enseña a querer eso, pero de la forma equivocada. Está bien ganar sin importar la manera, está bien destacarse y que el resto del grupo quede atrás... ¿está bien?
Lamentablemente el rugby no se juega en todos lados y es un deporte para cierta clase (algo que no comparto), pero muestra cómo es luchar a pesar del miedo y las dudas, entender que no importa qué tan grande sea lo que viene. El rugby enseña qué es un equipo en serio, porque podés destacarte, pero no podés hacerlo solo.
Nuestro problema es buscarle un Dios a cada cosa. "El mejor jugador"... si hay UN mejor jugador, no hay un mejor equipo.
Nuestro problema es que nos enseñan que perder está mal, no que del "mal" resultado se puede aprender a mejorar cada día.
No se trata de ganar, sino de querer ser mejor. Y eso se logra con tiempo.
Los Pumas tienen muchos trofeos en torneos donde los equipos son iguales que ellos en este torneo de grandes. Es un honor y un desafío participar ahí. Por eso aceptaron, a pesar de no estar en su mejor nivel como grupo.
El fútbol, un hermoso deporte, nacional por elección, dejó de ser así hace tiempo. Un deporte humilde, de amistades, que pasó a ser cuestión de dinero y fama.
Con todo respeto. No quiero decir que uno es mejor que otro. Los dos me gustan mucho. Pero uno me dejó cosas que me sirven más para vivir.
El deporte dejó de ser un disfrute, una enseñanza, y se convirtió en la importancia que le damos al resultado.
¿Eso le vamos a dejar a los que llegan al mundo?
Esto va más allá de números. Es lo que el rugby me enseñó.
No importa si lo juegan los "ricos", porque lo veo desde otro lado.
No es fanatismo, es admiración. Admiro las agallas para hacerle frente a eso que parece imposible.
Eso deberíamos hacer todos en la vida. Ir para adelante con fuerza, aunque algo nos empuje para atrás.
Vos tenés la pelota y, muchas veces, tenés que correr solo. Pero tu equipo nunca deja de estar ahí para bancarte.
El deporte deja enseñanzas más allá de los números. Parece que el mundo olvidó eso.
Y es una tristeza que haya tanta gente que ayude a olvidar.
La UAR no tiene las mismas posibilidades. Acá el rugby no es un trabajo. Además es amateur. Ni hablar de los jugadores que se fueron por su edad, y que el equipo tuvo que armarse otra vez.
En toda actividad se busca ser mejor, porque el mundo te enseña a querer eso, pero de la forma equivocada. Está bien ganar sin importar la manera, está bien destacarse y que el resto del grupo quede atrás... ¿está bien?
Lamentablemente el rugby no se juega en todos lados y es un deporte para cierta clase (algo que no comparto), pero muestra cómo es luchar a pesar del miedo y las dudas, entender que no importa qué tan grande sea lo que viene. El rugby enseña qué es un equipo en serio, porque podés destacarte, pero no podés hacerlo solo.
Nuestro problema es buscarle un Dios a cada cosa. "El mejor jugador"... si hay UN mejor jugador, no hay un mejor equipo.
Nuestro problema es que nos enseñan que perder está mal, no que del "mal" resultado se puede aprender a mejorar cada día.
No se trata de ganar, sino de querer ser mejor. Y eso se logra con tiempo.
Los Pumas tienen muchos trofeos en torneos donde los equipos son iguales que ellos en este torneo de grandes. Es un honor y un desafío participar ahí. Por eso aceptaron, a pesar de no estar en su mejor nivel como grupo.
El fútbol, un hermoso deporte, nacional por elección, dejó de ser así hace tiempo. Un deporte humilde, de amistades, que pasó a ser cuestión de dinero y fama.
Con todo respeto. No quiero decir que uno es mejor que otro. Los dos me gustan mucho. Pero uno me dejó cosas que me sirven más para vivir.
El deporte dejó de ser un disfrute, una enseñanza, y se convirtió en la importancia que le damos al resultado.
¿Eso le vamos a dejar a los que llegan al mundo?
Esto va más allá de números. Es lo que el rugby me enseñó.
No importa si lo juegan los "ricos", porque lo veo desde otro lado.
No es fanatismo, es admiración. Admiro las agallas para hacerle frente a eso que parece imposible.
Eso deberíamos hacer todos en la vida. Ir para adelante con fuerza, aunque algo nos empuje para atrás.
Vos tenés la pelota y, muchas veces, tenés que correr solo. Pero tu equipo nunca deja de estar ahí para bancarte.
El deporte deja enseñanzas más allá de los números. Parece que el mundo olvidó eso.
Y es una tristeza que haya tanta gente que ayude a olvidar.
jueves, 15 de mayo de 2014
Limpia.
Abrió la canilla, puso el tapón y dejó correr el agua. Aquel sonido hizo callar las voces de su cabeza, las de los miedos y los imposibles.
Afuera lluvia, adentro música suave; la estufa y un toallón limpio la esperaban.
Puso velas alrededor de la bañera y tiró sales , cosa que nunca había hecho, pero quería probar.
Dejó sobre la cama un camisón recién planchado y se quitó lo que llevaba puesto. Así caminó hasta ese momento tan suyo, desnuda.
No era un baño de rutina, sino uno especial, relajante. Un baño de madrugada.
Cuando el vapor ocupó todo, cerró la canilla y se metió, despacio, disfrutando del agua caliente mojando cada parte de su cuerpo. Entonces, medio acostada, echó la cabeza hacia atrás y cerró los ojos. Suspiró.
Pero con tanta calma, las voces empezaron otra vez.
"Tengo que hacer muchas cosas, no sé por qué las sigo dejando de lado. Son tan simples y me van a hacer tan bien.
¿A qué le temo?¿A sentirme plena?
Ahora pienso esto y después será igual que siempre. Posponer es mi forma de vida.
¿Por qué? Terminar algo no significa que no quede nada por hacer. Sólo da más espacio a cosas nuevas.
¿Será eso? Claro, el miedo a lo desconocido. Ese lugar poco confortable.
Pero es aburrido vivir sin cambios. Además no son riesgos, son cosas que me darían placer.
¿Entonces le temo a ser un poco más feliz? Qué absurdo.
¡BASTA!"
Y pensó una última cosa: "Ya sé qué quiero y cómo conseguirlo, sólo debo salir a buscarlo. No más ideas, sólo acciones. Nada es imposible."
Cesaron las palabras en su mente, porque había decidido actuar y ya no pensar.
Lavó su figura suave; cubrió sus preocupaciones tontas con jabón y dejó que el agua se las lleve. Sumergió su cabeza y no escuchó más que el afuera. Respiraba profundamente.
Salió sin prisa y, cuando su cara sintió el aire, abrió los ojos.
Quitó el tapón. A medida que el agua dejaba de tocar su cuerpo, pudo sentir las dudas alejándose también.
Sonrió.
Todo lo malo se había escurrido.
Cubrió su pelo, se secó y fue a su cuarto a vestirse.
Mientras la ropa rozaba su piel, miró por la ventana y notó que ya no llovía. Hasta podía ver la luna llena y brillante.
Sonrió de nuevo pero, esta vez, sus ojos se humedecieron.
Las lágrimas caían por sus mejillas y 'Claire de Lune' acariciaba sus oídos.
Ella había limpiado todo su ser, y la tormenta la ciudad, el cielo.
Ahora ella también brillaba.
No fue un baño de rutina, sino uno especial, relajante. Un baño de madrugada.
Afuera lluvia, adentro música suave; la estufa y un toallón limpio la esperaban.
Puso velas alrededor de la bañera y tiró sales , cosa que nunca había hecho, pero quería probar.
Dejó sobre la cama un camisón recién planchado y se quitó lo que llevaba puesto. Así caminó hasta ese momento tan suyo, desnuda.
No era un baño de rutina, sino uno especial, relajante. Un baño de madrugada.
Cuando el vapor ocupó todo, cerró la canilla y se metió, despacio, disfrutando del agua caliente mojando cada parte de su cuerpo. Entonces, medio acostada, echó la cabeza hacia atrás y cerró los ojos. Suspiró.
Pero con tanta calma, las voces empezaron otra vez.
"Tengo que hacer muchas cosas, no sé por qué las sigo dejando de lado. Son tan simples y me van a hacer tan bien.
¿A qué le temo?¿A sentirme plena?
Ahora pienso esto y después será igual que siempre. Posponer es mi forma de vida.
¿Por qué? Terminar algo no significa que no quede nada por hacer. Sólo da más espacio a cosas nuevas.
¿Será eso? Claro, el miedo a lo desconocido. Ese lugar poco confortable.
Pero es aburrido vivir sin cambios. Además no son riesgos, son cosas que me darían placer.
¿Entonces le temo a ser un poco más feliz? Qué absurdo.
¡BASTA!"
Y pensó una última cosa: "Ya sé qué quiero y cómo conseguirlo, sólo debo salir a buscarlo. No más ideas, sólo acciones. Nada es imposible."
Cesaron las palabras en su mente, porque había decidido actuar y ya no pensar.
Lavó su figura suave; cubrió sus preocupaciones tontas con jabón y dejó que el agua se las lleve. Sumergió su cabeza y no escuchó más que el afuera. Respiraba profundamente.
Salió sin prisa y, cuando su cara sintió el aire, abrió los ojos.
Quitó el tapón. A medida que el agua dejaba de tocar su cuerpo, pudo sentir las dudas alejándose también.
Sonrió.
Todo lo malo se había escurrido.
Cubrió su pelo, se secó y fue a su cuarto a vestirse.
Mientras la ropa rozaba su piel, miró por la ventana y notó que ya no llovía. Hasta podía ver la luna llena y brillante.
Sonrió de nuevo pero, esta vez, sus ojos se humedecieron.
Las lágrimas caían por sus mejillas y 'Claire de Lune' acariciaba sus oídos.
Ella había limpiado todo su ser, y la tormenta la ciudad, el cielo.
Ahora ella también brillaba.
No fue un baño de rutina, sino uno especial, relajante. Un baño de madrugada.
sábado, 19 de abril de 2014
Este hambre de conocimiento.
¿Por qué algunos nos preguntamos todo?
Hace poco alguien me preguntó, justamente, "¿todo tenés que saber?". Me dejó pensando.
No, no tengo que saber todo. Sería estúpido intentarlo y aburrido lograrlo.
Entonces lo pensé más. Si, realmente pregunto mucho. Y no dejo salir de mi boca cada pregunta que pienso. Pero se me escapan tantas.
¿Es malo cuestionarse las cosas? Es imposible no hacerlo.
Llegamos a este mundo llenos de incógnitas, de dudas... y, aún así, parecemos saberlo todo. Como si cada cosa resultara natural. Cada aprendizaje, cada conocimiento, son placeres, son regalos.
Al crecer dejamos de preguntar a los demás, pero no de preguntarnos. Nos da vergüenza querer saber. Muchas veces con la excusa de que lo que se siente no se cuestiona... ¿Por qué no? La cabeza y el corazón deben ir de la mano. Para no ser tan inconscientes. Para no ser tan fríos.
No toda pregunta tiene que ser contestada. Alguna tal vez no tenga respuesta. A veces sólo hacerla, sólo decirla en nuestra mente, el sólo hecho de su existencia, es la contestación. Y nos hace sentir vivos, porque no lo sabemos todo. Porque tenemos, claramente, mucho por conocer.
Tener siempre tan claras las cosas y saber, exactamente, dónde estás plantado es, precisamente, estar plantado, parado, quieto. Las preguntas nos mueven.
Aunque, por momentos, parecemos perder el equilibrio, la razón, la cordura, ahí está la magia, el riesgo y la emoción. ¿Cómo sabríamos caminar derecho sin torcernos un poco, sin mirar desde afuera?¿Cómo encontrarse sin perderse?
No dejamos de querer saber. Nos da miedo, que es otra cosa.
¿Cómo un adulto, alguien serio, puede preguntar como un niño?¿No somos todos niños acaso? Niños asustados, inseguros.
Éramos más valientes cuando teníamos menos años, pero más sueños.
Entonces no temíamos preguntar. Lo deseábamos. Ahora lo necesitamos.
Sin embargo, muchas veces no podemos hacerlo, porque "no es correcto". Porque deja al descubierto esa inseguridad. ¿Y qué tiene eso de malo? No te hace más débil ser curioso y equivocarte. Irónicamente, te vuelve frágil estar siempre detrás de un escudo. Tanto que podés quedar roto para siempre. Porque no supiste cómo hacerte fuerte.
Preguntar y preguntarme, me hace valiente.
No, no tengo que saber todo, ni quiero que así sea. Pero me gusta cuestionarme lo que pasa a mi alrededor y dentro mío. Para saber que siento, que pienso y que existo.
Hago las preguntas que no puedo responder, o no quiero, o que ya sé cómo contestar.
Lejos de buscar justificar mis ganas de conocer, pero muy cerca de querer expresar mi pensar, mi sentir y, quizá, encontrar quien me entienda.
La vida está hecha de preguntas. Y son ellas, muchas veces, las que nos mantienen vivos. Porque detrás de todo hay un interrogante.
Es este hambre de conocimiento.
Hace poco alguien me preguntó, justamente, "¿todo tenés que saber?". Me dejó pensando.
No, no tengo que saber todo. Sería estúpido intentarlo y aburrido lograrlo.
Entonces lo pensé más. Si, realmente pregunto mucho. Y no dejo salir de mi boca cada pregunta que pienso. Pero se me escapan tantas.
¿Es malo cuestionarse las cosas? Es imposible no hacerlo.
Llegamos a este mundo llenos de incógnitas, de dudas... y, aún así, parecemos saberlo todo. Como si cada cosa resultara natural. Cada aprendizaje, cada conocimiento, son placeres, son regalos.
Al crecer dejamos de preguntar a los demás, pero no de preguntarnos. Nos da vergüenza querer saber. Muchas veces con la excusa de que lo que se siente no se cuestiona... ¿Por qué no? La cabeza y el corazón deben ir de la mano. Para no ser tan inconscientes. Para no ser tan fríos.
No toda pregunta tiene que ser contestada. Alguna tal vez no tenga respuesta. A veces sólo hacerla, sólo decirla en nuestra mente, el sólo hecho de su existencia, es la contestación. Y nos hace sentir vivos, porque no lo sabemos todo. Porque tenemos, claramente, mucho por conocer.
Tener siempre tan claras las cosas y saber, exactamente, dónde estás plantado es, precisamente, estar plantado, parado, quieto. Las preguntas nos mueven.
Aunque, por momentos, parecemos perder el equilibrio, la razón, la cordura, ahí está la magia, el riesgo y la emoción. ¿Cómo sabríamos caminar derecho sin torcernos un poco, sin mirar desde afuera?¿Cómo encontrarse sin perderse?
No dejamos de querer saber. Nos da miedo, que es otra cosa.
¿Cómo un adulto, alguien serio, puede preguntar como un niño?¿No somos todos niños acaso? Niños asustados, inseguros.
Éramos más valientes cuando teníamos menos años, pero más sueños.
Entonces no temíamos preguntar. Lo deseábamos. Ahora lo necesitamos.
Sin embargo, muchas veces no podemos hacerlo, porque "no es correcto". Porque deja al descubierto esa inseguridad. ¿Y qué tiene eso de malo? No te hace más débil ser curioso y equivocarte. Irónicamente, te vuelve frágil estar siempre detrás de un escudo. Tanto que podés quedar roto para siempre. Porque no supiste cómo hacerte fuerte.
Preguntar y preguntarme, me hace valiente.
No, no tengo que saber todo, ni quiero que así sea. Pero me gusta cuestionarme lo que pasa a mi alrededor y dentro mío. Para saber que siento, que pienso y que existo.
Hago las preguntas que no puedo responder, o no quiero, o que ya sé cómo contestar.
Lejos de buscar justificar mis ganas de conocer, pero muy cerca de querer expresar mi pensar, mi sentir y, quizá, encontrar quien me entienda.
La vida está hecha de preguntas. Y son ellas, muchas veces, las que nos mantienen vivos. Porque detrás de todo hay un interrogante.
Es este hambre de conocimiento.
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