¿Por qué algunos nos preguntamos todo?
Hace poco alguien me preguntó, justamente, "¿todo tenés que saber?". Me dejó pensando.
No, no tengo que saber todo. Sería estúpido intentarlo y aburrido lograrlo.
Entonces lo pensé más. Si, realmente pregunto mucho. Y no dejo salir de mi boca cada pregunta que pienso. Pero se me escapan tantas.
¿Es malo cuestionarse las cosas? Es imposible no hacerlo.
Llegamos a este mundo llenos de incógnitas, de dudas... y, aún así, parecemos saberlo todo. Como si cada cosa resultara natural. Cada aprendizaje, cada conocimiento, son placeres, son regalos.
Al crecer dejamos de preguntar a los demás, pero no de preguntarnos. Nos da vergüenza querer saber. Muchas veces con la excusa de que lo que se siente no se cuestiona... ¿Por qué no? La cabeza y el corazón deben ir de la mano. Para no ser tan inconscientes. Para no ser tan fríos.
No toda pregunta tiene que ser contestada. Alguna tal vez no tenga respuesta. A veces sólo hacerla, sólo decirla en nuestra mente, el sólo hecho de su existencia, es la contestación. Y nos hace sentir vivos, porque no lo sabemos todo. Porque tenemos, claramente, mucho por conocer.
Tener siempre tan claras las cosas y saber, exactamente, dónde estás plantado es, precisamente, estar plantado, parado, quieto. Las preguntas nos mueven.
Aunque, por momentos, parecemos perder el equilibrio, la razón, la cordura, ahí está la magia, el riesgo y la emoción. ¿Cómo sabríamos caminar derecho sin torcernos un poco, sin mirar desde afuera?¿Cómo encontrarse sin perderse?
No dejamos de querer saber. Nos da miedo, que es otra cosa.
¿Cómo un adulto, alguien serio, puede preguntar como un niño?¿No somos todos niños acaso? Niños asustados, inseguros.
Éramos más valientes cuando teníamos menos años, pero más sueños.
Entonces no temíamos preguntar. Lo deseábamos. Ahora lo necesitamos.
Sin embargo, muchas veces no podemos hacerlo, porque "no es correcto". Porque deja al descubierto esa inseguridad. ¿Y qué tiene eso de malo? No te hace más débil ser curioso y equivocarte. Irónicamente, te vuelve frágil estar siempre detrás de un escudo. Tanto que podés quedar roto para siempre. Porque no supiste cómo hacerte fuerte.
Preguntar y preguntarme, me hace valiente.
No, no tengo que saber todo, ni quiero que así sea. Pero me gusta cuestionarme lo que pasa a mi alrededor y dentro mío. Para saber que siento, que pienso y que existo.
Hago las preguntas que no puedo responder, o no quiero, o que ya sé cómo contestar.
Lejos de buscar justificar mis ganas de conocer, pero muy cerca de querer expresar mi pensar, mi sentir y, quizá, encontrar quien me entienda.
La vida está hecha de preguntas. Y son ellas, muchas veces, las que nos mantienen vivos. Porque detrás de todo hay un interrogante.
Es este hambre de conocimiento.
No hay respuestas para todas las preguntas, pero eso no significa que no debamos seguir preguntando.
ResponderEliminarY yo que pensé que ya no había gente por estos continentes, me encuentro con este blog activo, salud!