Abrió la canilla, puso el tapón y dejó correr el agua. Aquel sonido hizo callar las voces de su cabeza, las de los miedos y los imposibles.
Afuera lluvia, adentro música suave; la estufa y un toallón limpio la esperaban.
Puso velas alrededor de la bañera y tiró sales , cosa que nunca había hecho, pero quería probar.
Dejó sobre la cama un camisón recién planchado y se quitó lo que llevaba puesto. Así caminó hasta ese momento tan suyo, desnuda.
No era un baño de rutina, sino uno especial, relajante. Un baño de madrugada.
Cuando el vapor ocupó todo, cerró la canilla y se metió, despacio, disfrutando del agua caliente mojando cada parte de su cuerpo. Entonces, medio acostada, echó la cabeza hacia atrás y cerró los ojos. Suspiró.
Pero con tanta calma, las voces empezaron otra vez.
"Tengo que hacer muchas cosas, no sé por qué las sigo dejando de lado. Son tan simples y me van a hacer tan bien.
¿A qué le temo?¿A sentirme plena?
Ahora pienso esto y después será igual que siempre. Posponer es mi forma de vida.
¿Por qué? Terminar algo no significa que no quede nada por hacer. Sólo da más espacio a cosas nuevas.
¿Será eso? Claro, el miedo a lo desconocido. Ese lugar poco confortable.
Pero es aburrido vivir sin cambios. Además no son riesgos, son cosas que me darían placer.
¿Entonces le temo a ser un poco más feliz? Qué absurdo.
¡BASTA!"
Y pensó una última cosa: "Ya sé qué quiero y cómo conseguirlo, sólo debo salir a buscarlo. No más ideas, sólo acciones. Nada es imposible."
Cesaron las palabras en su mente, porque había decidido actuar y ya no pensar.
Lavó su figura suave; cubrió sus preocupaciones tontas con jabón y dejó que el agua se las lleve. Sumergió su cabeza y no escuchó más que el afuera. Respiraba profundamente.
Salió sin prisa y, cuando su cara sintió el aire, abrió los ojos.
Quitó el tapón. A medida que el agua dejaba de tocar su cuerpo, pudo sentir las dudas alejándose también.
Sonrió.
Todo lo malo se había escurrido.
Cubrió su pelo, se secó y fue a su cuarto a vestirse.
Mientras la ropa rozaba su piel, miró por la ventana y notó que ya no llovía. Hasta podía ver la luna llena y brillante.
Sonrió de nuevo pero, esta vez, sus ojos se humedecieron.
Las lágrimas caían por sus mejillas y 'Claire de Lune' acariciaba sus oídos.
Ella había limpiado todo su ser, y la tormenta la ciudad, el cielo.
Ahora ella también brillaba.
No fue un baño de rutina, sino uno especial, relajante. Un baño de madrugada.
hermoso y claro reflejo
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